En el año 2000, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elaboró, en el marco de su iniciativa mundial para la prevención del suicidio SUPRE, un documento específico para el tratamiento del suicidio en los medios de comunicación. Uno de sus principales objetivos es evitar el Efecto Contagio o Werther derivado de la difusión de este tipo de noticias que no tiene porqué darse si la información se trata de forma adecuada. El problema reside en que en algunas ocasiones, el morbo y el sensacionalismo, ganan la batalla a este documento, y por qué no, al sentido común y a la empatía.

El fenómeno del suicidio responde a un sinfín de causas, cada cuál más compleja y dependiente a su vez de múltiples factores de riesgo y de protección, es por ello que deberíamos ser responsables de la información que compartimos en las redes sociales acerca del mismo. No podemos fomentar la fama de aquellos lugares considerados como “clásicos” para tomar la decisión de quitarse la vida o hablar de los métodos más empleados por las víctimas ni mucho menos debemos publicar fotografías o las notas suicidas.

A una persona que está pensando en el suicidio como solución a la angustia vital que está experimentando, independientemente de que sea adulto o joven, no se le debe dar nuevas ideas, ni enseñarle cosas en las que “no había caído” ni mucho menos decirle, en líneas generales, que la persona de la que se habla en la noticia ha tenido éxito y que por tanto ha logrado su propósito. Todo lo contrario, hay que decirle las consecuencias que se suceden a corto y a largo plazo, la gran pérdida que supondría para su familia su marcha y hablarle del sentimiento de culpabilidad que genera a todos los que han compartido vida con ella. También hay que comentarle que pueden sucederse consecuencias físicas derivadas de los intentos de suicidio como parálisis o daño cerebral y hay que ofrecerle de información acerca de dónde pueden acudir o a qué entidades se pueden dirigir en caso de necesitar ayuda. Además, unto a la noticia, deberían comunicarse len líneas generales as “señales” que podrían alertar sobre un posible comportamiento suicida y hablar de la depresión sin tabúes, aclarando que se puede salir de ella con atención especializada.  

Según los últimos datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el suicidio es la primera causa de muerte por causas externas entre los jóvenes españoles de 15 a 29 años, lo que requiere tomar medidas urgentes y elaborar cuanto antes un plan o estrategia de ámbito nacional para la prevención de un fenómeno que cada vez se cobra más vidas. Las redes sociales se han convertido en un modo de comunicación habitual, por lo que tiene que ser aquí donde hagamos especial hincapié tanto en la prevención como en la detección y, en el caso de la difusión de noticias de este tipo en las mismas, intentar evitar compartir, difundir y retuitear aquellas que tiendan al morbo y al sensacionalismo.  

En definitiva, y a modo de resumen, os enumeramos algunos de los consejos que da la ONU sobre que hacer y que no hacer a la hora de informar en los medios de comunicación sobre un caso de suicidio:

  • Observar el suicidio como un fenómeno NO simplista

  • No comparar los datos de unos países con otros

  • Emplear fuentes auténticas y confiables

  • Evitar la descripción detallada del método empleado y cómo lo obtuvo la víctima

  • Presentar al suicidio como un método que NO sirve para enfrentar problemas personales

  • Incidir en el impacto del suicidio en las familias

  • Describir las consecuencias físicas de intentos de suicidio

  • Publicitar las señales de advertencia del comportamiento suicida,

  • Mostrar solidaridad con los sobrevivientes de un caso de suicidio

Seamos parte de la solución, no del problema. ¡Hagamos lo que esté en nuestras manos para conseguir que muchas personas sepan que #MirarOtroAmanecer SI es posible!

 

 

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