Investigar acerca de las posibilidades que nos ofrecen las Tecnologías del Lenguaje Humano (TLH) para desarrollar una máquina capaz de detectar el riesgo suicida de un mensaje escrito en redes sociales es fascinante. Lo que ocurre es que sabemos que nuestro trabajo es distinto (que no raro) y por tanto, cuando la gente nos pregunta “Y tú entonces, ¿en qué trabajas?”, casi siempre nos cuesta mucho poder contestar a la pregunta ya que en pleno siglo XXI, aunque exista una mayor concienciación social acerca del suicidio, todavía representa un tabú.

Una vez nos formulan esta pregunta, solemos contestar la verdad, que nos dedicamos a la prevención del suicidio y es entonces aquí cuando nos encontramos ante tres tipos de reacciones: La más habitual es la “Oh, como mola, que interesante”, luego le sigue la de “Oh, vaya, debe ser interesante a la par de duro, ¿qué repercusiones te trae a nivel personal?, y la última, la más directa es algo así como: “Vaya, es muy curioso y útil, pero dime, ¿qué te ha llevado a estudiar el suicidio?. Y es aquí, en este punto, cuando nos descolocan. Y lo entendemos, de verdad que sí, lo que ocurre es que para nosotros es algo normalizado ya que tratamos con noticias y textos relacionados con el suicidio casi a diario y en la mayoría de las ocasiones, no es que les restemos importancia, sino que lo tomamos como un trabajo y como parte de las herramientas de las que disponemos para poder prevenir otros casos.

Entonces, una vez que se rompe el hilo y nos siguen preguntando (Ojo, los que nos dedicamos a la investigación en general nos encanta decir cuáles son nuestros proyectos y porqué estamos inmersos en ellos) llega un momento que estamos como cansados, no tanto de responder como de justificar porqué nos dedicamos a la investigación para la prevención del suicidio.

Pero bueno, lo asumimos como gajes del oficio. Lo que nos cuesta admitir más es cuando las preguntas rozan lo personal y tienden al morbo. Para que lo entendáis, voy a poner un breve ejemplo:

“Claro, entonces lo que hacéis es súper útil, pero claro, imagino que los motivos por los que estudias el suicidio igual... ¿Están un poco relacionados con tus vivencias, no?”.

SI y NO. Para que nos aclaremos de una vez. Estudiar el suicidio no quiere decir que hayas sido una persona con ideaciones suicidas ni tampoco quiere decir que no haya sido así, sino que te interesa poder ayudar a la gente en la mayor medida posible. No hay más. Esto es igual que a cualquier otro profesional si le preguntas las causas por las cuáles han escogido ese y no otro trabajo. Puede ser que un médico se centre en el ámbito de la oncología porque haya sufrido algún tipo de cáncer o puede que no y que simplemente quiera conseguir que muchas otras personas puedan salir de él.

La única salvedad respecto del anterior ejemplo es quizás que el suicidio ha sido una de las epidemias silenciosas más silenciadas (válgase la redundancia) en nuestra sociedad y claro, aunque hayamos avanzados a pasos agigantados en cuanto a su estudio, prevención y tratamiento, todavía queda mucho trabajo que hacer puesto que todavía supone un estigma, por ejemplo, admitir que estás pasando por un episodio depresivo o que alguna vez han pensado en el suicidio como solución a tus problemas. ¿Cuántas veces no hemos dicho la famosa frase de "Me quiero morir, no puedo más?".

De hecho, lo descrito anteriormente preocupa mucho si tenemos en cuenta que la situación presentada anteriormente está relacionada con gente que investiga sobre el suicidio, pero imaginaros por un momento que ocurriría en aquellos casos en los que una persona narre que ha intentado suicidarse, que está atravesando una depresión, o que algún familiar muy cercano a la misma ya lo haya intentado en alguna ocasión.

Poniéndonos en la piel de aquella persona que presente ideaciones suicidas, independientemente de los porqués de las mismas, tiene que ser horrible no poder decir cómo te sientes y que el grito de auxilio sea malinterpretado como un modo de llamar la atención, cuando no tiene porqué ser así. Intentad colocaros en el lugar de esas personas y reflexionar acerca del papel que tenemos la sociedad a efectos de su pronta y correcta adaptación al entorno.

Hay que dejar a un lado los estigmas relacionados con problemas de salud mental de una vez por todas, no podemos seguir en la dinámica de años atrás cuando las cifras de suicidio no paran de aumentar, sobre todo en la población más joven entre 10 y 19 años, en los cuales el suicidio se ha convertido la primera causa de muerte según la Organización mundial de la salud.

¡DERRIBEMOS TABÚES! y hagamos lo posible para que muchas personas SI puedan #MirarOtroAmanecer.

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