Pigmalión jamás pensó que esculpiría una estatua lo suficientemente bella como para enamorarse de ella a cada instante y que, como resultado, la misma diosa Afrodita le diera vida como muestra de su poder. Y así es, si no hubiese creído en la belleza de su obra, jamás podría haber logrado que Galatea cobrara vida.

Esto, a grandes rasgos, es lo que se conoce como efecto Galatea: Las altas expectativas en uno mismo nos pueden influir positivamente y viceversa. Sin embargo, lo mismo ocurre cuando esas expectativas son el relación a otra persona, lo que se denomina efecto Pigmalión.

Y ahora bien, en una era marcada por los nativos digitales, los “ninis”, los “millenials” y los “influencers”, ¿las expectativas lo son todo en los adolescentes?. Todo parece indicar que sí.

En los últimos años, las redes sociales se han constituido como el modo más habitual de comunicación entre los jóvenes de 14 y 24 años en el 91,3% de los casos (INE, 2014)  y además, Internet en sí, es una de las herramientas más habituales para consultar información de todo tipo, incluso la relacionada con el suicidio (Arroyo Fernández y Bertomeu Ruiz, 2012; Moreno Gea y Blanco Sánchez, 2012). Y en éstos, el suicidio es la primera causa de muerte externa (INE, 2017). La relación entre el trinomio suicidio-jóvenes-redes sociales ya está clara pero entonces… ¿Qué tienen que ver en todo esto Pigmalión y Galatea?. Aunque parezca que no, mucho.

Si Pigmalión no hubiera confiado en sus propias capacidades como escultor, quizás nunca hubiera conocido a Galatea y es más, no le hizo falta que nadie le dijera que la obra era buena, él ya lo sabía, tenía unas buenas expectativas acerca de su resultado.  No era la soberbía lo que estaba en juego, sino la confianza en sí mismo: La autoestima. Y esto es precisamente lo que hay que trabajar con los menores.

Las expectativas son poderosas y pueden marcar el éxito o el fracaso en nuestras obras vitales, ahora bien, los jóvenes, altamente manipulables, todavía se están desarrollando como seres que forman parte de este mundo, lo que conlleva momentos en los que se necesite formar parte de algo, conectar…  Para ello, hay que cumplir con lo que se espera de uno mismo/a acorde al rol asignado en sus núcleos vitales tales como la familia, grupo de amigos, compañeros de clase, etc. Aquí entra en juego la sociedad, Pigmalión, Galatea e incluso Werther (del que hablaremos en entradas siguientes): Según se espere de nosotros, así actuaremos y esto puede ser muy bueno y a la vez muy malo si estamos pasando por una situación complicada ya sea a causa de problemas familiares, de acoso o de estar atravesando un episodio depresivo (entre muchas otras y variadas situaciones).

En las ideaciones suicidas en menores intervienen un sinfín de variables, cada cual más compleja y dependiente de la anterior, sin embargo, trabajar la autoestima en los jóvenes hará que crean en sí mismos y ello dará como resultado la posibilidad de que reconozcan que les pasa, que se generen su propia identidad y que por ejemplo, en casos de acoso escolar, dejen de darle tanta importancia a lo que digan de ellos y empiecen a valorarse por lo que opinan de sí mismos, es decir, que esperen algo de sí mismos, que vivan acorde a las expectativas vitales que ellos se marquen, no a otras . Todo ello evitará en un futuro que decidan que es una buena idea quitarse de en medio por una vía rápida y con consecuencias irreversibles. Si esperan de mi que me comporte como un acosado y que además no vea salida a la situación porque soy débil, voy a convertirme en exactamente eso, en un ser debíl y sin recursos para afrontar la situación que estoy viviendo y entonces el poder de las expectativas o el efecto Pigmalión me hará un flaco favor. 

Con los tabús que todavía imperan en esta sociedad, decir que estás deprimido o que te encuentras decaído, supone un acto de debilidad cuando en realidad representa todo lo contrario: Hay que ser muy valiente para admitir tanto en tu fuero interno como externo, que estás mal. Y claro, aquí vienen los problemas. Si digo que estoy mal, van a esperar de mí que actúe como un ser deprimido (y que además cumpla todos los requisitos previamente esterotipados) y si a mi mismo me digo una y otra vez que estoy mal y que soy incapaz de salir del pozo en el que me encuentro pues actuaré conforme pienso y claro, como si de un círculo vicioso se tratase, resulta que dejo de hablar, me aislo y no pido ayuda, hasta que llega un momento en el que la situación me resulta insoportable y decido terminar de un modo tragico e irreversible con ella. 

Por eso hay que tener en cuenta a Pigmalión y Galatea en el fenómeno del suicidio. Es necesario trabajar la autoestima y la capacidad de afrontamiento en los jóvenes, decirles que en la situación en la que están pueden salir, que son capaces, que el mundo no se acaba y que tienen potencial para vencer eso y muchas otras cosas más que les pueda pasar en la vida, solo que hay que enseñarles cómo. Y en este proceso formamos parte todos: Desde la familia, hasta los centros educativos, pasando por grupo de amigos, allegados, etc. No hay que etiquetar, hay que ayudar en la medida de lo posible y enseñarles (y enseñarnos) que no pueden cumplir todo lo que se espera de ellos ni ellos, a su vez, pueden autoimponerse unas expectativas imposibles de llevar a cabo. 

Hay que ser realistas. Esta situación no va a acabar de la noche a la mañana, pero está en nuestras manos formar parte de un todo en el que los gritos de auxilio, manifestados directamente e indirectamente de muchas maneras, sean escuchados correctamente (lejos de mitos y tabúes). Es necesario generarles expectativas reales sobre su futuro y confiar en sus propias capacidades, instigarles a que den lo mejor de sí mismos y no mentirles, decirles la verdad, comentarles que el proceso que han de atravesar es duro y de duración indeterminada, pero no imposible. Si no creemos en ellos ni esperamos lo mejor... ¿Cómo van a creer y esperar de sí mismos lo mejor?

Todavía nos queda mucho camino por delante, pero no cerremos puertas antes de abrirlas, SI es posible #MirarOtroAmanecer. Acabemos con los estigmas relacionados con los problemas de salud mental, ¡DERRIBEMOS TABÚES! 

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