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Lo peor de este mito es que es fácil tomarlo por cierto, porque puede tener una verdad: el acoso (escolar, laboral), como cualquier adversidad a la que nos enfrentamos, puede servirnos más adelante para poner en perspectiva las siguientes dificultades que nos traiga la vida, o como excusa para revisar y cambiar cosas que, cuando nos sentíamos bien con nosotros mismos, ni sabíamos que no funcionaban.

Pero hay que matizar: para empezar, en la mayoría de casos de bullying, diría que la víctima no tenía nada que cambiar. Que si intentásemos extraer una moraleja de su maltrato, sería «no seas tan tímido», «no tengas gustos tan raros», «parécete más a tus abusadores».

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